PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO A
"Estad en vela, estad preparados porque a la hora que menos penséis viene
el "Hijo del Hombre"". (Mt. 24, 37).
Una Buena Noticia para comenzar este Adviento, una Buena Noticia para comenzar el año litúrgico: "Viene el "Hijo del Hombre"".
¿Quién es este ""Hijo del Hombre"" que viene a nuestro encuentro? El ""Hijo del Hombre"" es el anhelo y el sueño más profundo del mundo. El ""Hijo del Hombre"" es la Humanidad Nueva que se ha realizado ya en Jesús, es el fruto más logrado de la humanidad. El "Hijo del Hombre" es Jesús, que llena de sentido nuestra vida y nuestra historia. El "Hijo del Hombre" es Aquel que todos buscamos, el único que puede apagar la sed de vida que llevamos en lo profundo de nuestro corazón. Es una gran noticia: viene el "Hijo del Hombre", es la gran esperanza que anuncia el tiempo de Adviento.
Si viene el "Hijo del Hombre"..., no hay nada que temer porque Él no viene a condenar sino a dar la vida, viene para que todo ser humano se sienta amado... Si viene el "Hijo del Hombre" se romperán nuestras cadenas, Él trae la verdadera libertad. Si viene el "Hijo del Hombre" aprenderemos a vivir como hijos/as y a vivirnos como hermanos/as. Si viene el "Hijo del Hombre" de "las espadas se forjarán arados y de las lanzas podaderas" (Isaías); Él es nuestra Paz.
Si viene el "Hijo del Hombre" es posible la Esperanza para este mundo, en Él ha vencido la Vida y el bien para siempre... "Pero Él viene a la hora que menos penséis"
Sí, Él puede venir en cualquier momento, en cualquier situación; puede venir en el llanto, en la alegría, en los días oscuros y en los días luminosos, cuando nos sentimos solos o acompañados, puede venir en la Palabra que nos despierta a la vida, en una mano tendida, en la familia que se une más, en el enfermo que sufre, en los que están sin trabajo y necesitan nuestro apoyo, en los hambrientos de toda la tierra que nos cuestionan, en todo ser humano... Él viene siempre. Por eso, Jesús dice: "estad en vela, estad preparados". Y para poner de relieve esta actitud nos pone dos ejemplos:
"Cuando venga el "Hijo del Hombre", pasará como en tiempo de Noé..., la gente comía y bebía y se casaba". Salvando las distancias de tiempo y lugar, se puede decir que nuestra sociedad, en general, también, vive hoy una situación de bienestar; vivimos en "la sociedad del bienestar", que se proclama pomposamente, a pesar de que millones de seres humanos, "viven en estado de pobreza extrema". Hoy día, la pobreza y sus múltiples consecuencias, se han hecho presente en Occidente, y los medios de comunicación social nos acercan también a la miseria de la población de los países empobrecidos. La inconsciencia en que vivían los contemporáneos de Noé "que comían, bebían, se casaban, se divertían", se parece a la nuestra y cuando menos esperaban "llegó el diluvio y se los llevó a todos..." ¿No nos recuerda esto la profunda crisis económica y de valores que estamos atravesando?
"Comprended que si supiera el dueño de la casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela..." Es el ejemplo del ladrón que no avisa y que cuando nos damos cuenta ha abierto un boquete y se ha metido en la casa. En labios de Jesús estos dos ejemplos no son una acusación sino una advertencia para no vivir distraídos, despistados, ausentes. A veces, estamos distraídos de lo esencial de nuestra vida y no sospechamos que la vida puede vivirse de otra manera. Nuestra sociedad ha olvidado a Dios que es una realidad de primera necesidad.
Estos dos ejemplos, insisten en el descuido de los contemporáneos de Noé y del amo de la casa; en la llegada imprevista del diluvio y del ladrón y en la ruina que provocan estos acontecimientos, Jesús viene a decirnos: lo mismo sucederá a la comunidad cristiana y a todos nosotros si nos descuidamos y no vivimos en una actitud de espera activa y comprometida. A veces, vivimos como los contemporáneos de Noé que comían, bebían, se casaban... pero somos ajenos a la venida y a la Presencia de Dios en la Historia. Vivimos y trabajamos y nos distraemos pero somos inconscientes de la injusticia, del anhelo de paz, de la insolidaridad y de la Vida que Dios nos ofrece a cada instante. De esta cultura de la superficialidad sólo es posible liberarnos, reaccionando con vigor y aprendiendo a vivir de una manera más lúcida, como dice San Pablo: "Es hora de despabilarse..."
Todo el Evangelio es una llamada a la esperanza en el "Hijo del Hombre" que viene, en Jesús, el Señor de nuestra vida. Dios viene siempre, en cada instante a nuestra vida.
"Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el "Hijo del Hombre"". Esta actitud tiene mucho que ver con un estilo de vida en que podemos vivir, cada momento, como Don de Dios, como oportunidad de Vida. No vivir drogados por la actividad ni por las "compensaciones" que no nos aportan vida y sentido y que, al final, nos dejan terriblemente vacíos.
Al comenzar hoy el Adviento se nos invita a renovar nuestra esperanza. Necesitamos imperiosamente renovar nuestra esperanza. Vivimos en un mundo en que hay un oscurecimiento de la esperanza. Hay muchos hombres y mujeres que parecen desorientados, inseguros, sin esperanza, y muchos cristianos están sumidos en este estado de ánimo. Nuestra sociedad marcada por la post-modernidad, está caracterizada por el nihilismo, la nada, como algunos han dicho: "la cultura del gran vacío", que se manifiesta en el individualismo, la vida intrascendente, la apatía, la frivolidad y la imposibilidad de las utopías. Necesitamos, más que nunca, renovar nuestra esperanza. Sin esperanza nuestra vida se vuelve gris e insoportable. El Tiempo de Adviento irrumpe como una luz en la noche dentro de nuestro mundo, es como la luz del sol al amanecer: es de noche pero se vislumbra un resplandor, llega la luz. San Pablo, en la Primera Lectura nos dice: "pertrechémonos con las armas de la luz... conduzcámonos como en pleno día, con dignidad..."
Que en este tiempo de Adviento, que comenzamos este Domingo, podamos hoy abrir nuestros ojos a esta Luz, que es Cristo, que viene siempre y renueva nuestra vida. Que podamos decirle: ¡Ven, Señor Jesús! Necesitamos que llenes nuestro corazón de esperanza y de fortaleza. Necesitamos recibir tu Amor, tu Paz y tu alegría. ¡Ven, Señor Jesús!
Benjamín García Soriano

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